domingo, 11 de septiembre de 2011

El DURADERO IMPACTO DE LOS ATAQUES DEL 9/11

Lisa Kubiske
Embajadora de los Estados Unidos de América
 
Hace diez años, el 11 de septiembre de 2001, extremistas violentos mataron a casi  3,000 personas inocentes en una serie de ataques brutales en los Estados Unidos, incluyendo cuatro hondureños. Las vidas de familiares y amigos fueron alteradas irremediablemente ese día, y siguen luchando con el impacto de su pérdida.
 
Y esto cambió el mundo. En los Estados Unidos y alrededor del mundo, estábamos decididos  a superar  la amenaza y restaurar nuestro camino hacia una vida mejor. Estábamos decididos – y resistentes. Nuestro espíritu se mantuvo. Hemos mejorado la seguridad, hemos prevenido los ataques, y llegamos a comprender mejor la necesidad de abordar las condiciones que lleven a las personas a creer que no tienen otro recurso que el extremismo. 
 
Sin duda, el mundo ha cambiado,  pero muchos de esos cambios nos han llevado hacia las soluciones para luchar contra las organizaciones extremistas de todo tipo que tratan de hacer valer el poder mediante el uso de  asesinatos en masa. Este es el caso de los aliados  históricos de los Estados Unidos – quienes han construido redes de intercambio de información más solidas para la aplicación de la ley, entre otras medidas – y de las personas en países del  mundo Árabe que están abogando por un nuevo liderazgo democrático.   
 
En los últimos diez años, aquellos que han sufrido como consecuencia de los ataques terroristas se han unido para crear políticas que promuevan la cooperación en seguridad así como la transparencia fiscal. Como resultado, la capacidad de los grupos extremistas para financiar ataques se ha disminuido. Mejorar la comunicación entre los órganos de aplicación de la ley ha llevado a la prevención de ataques múltiples y a la captura de aquellos criminales que los han planificado.  También ha contribuido al desmantelamiento sistemático de las redes de extremistas como Al Qaeda. Hemos aprendido, una y otra vez, la importancia de la prevención de la violencia, en lugar de simplemente reaccionar a esta.
 
El mismo tipo de innovación y  resistencia se puede encontrar en el pueblo hondureño, que está siendo aterrorizado por grupos de delincuentes en sus propios pueblos y ciudades.
 
Los narcotraficantes y los grupos de maras que los apoyan son apenas diferentes de los  grupos terroristas como al-Qaeda. Ellos lanzan ataques salvajes a las personas para intimidar comunidades enteras e infundir temor en la población en general. 
 
Como resultado, los hondureños se sienten menos seguros y  sufren las consecuencias económicas de la inseguridad.
 
 Pero incluso en mi corto tiempo aquí, está claro para mí que los hondureños están luchando – luchando con pasos hacia un gobierno más transparente, hacia la investigación y el procesamiento de casos penales, y hacia la creación de empleos y oportunidades para más y más hondureños. He visto que los hondureños resisten también, y claramente ven el camino a seguir.
 
El Congreso Nacional de Honduras en diciembre del año pasado tomó la importante decisión de aprobar la Ley Contra el Financiamiento del Terrorismo.
 
La nueva ley permite una mejor investigación de lavado de dinero y financiación del terrorismo, requiere la cooperación internacional en la incautación de  activos de  los grupos terroristas, obliga a la captura de cualquier persona sospechosa de financiar el terrorismo en cualquier país, y da a Honduras jurisdicción sobre los delitos de financiación del terrorismo, incluso si los actos de terrorismo no fueron planificados  para el territorio hondureño.
 
Esta legislación no sólo ayuda a la comunidad internacional en la prevención de actos violentos en el extranjero, ésta dañará los grupos del narcotráfico que se basan en delitos como el lavado de dinero para apoyar sus actividades mortales.
 
Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 enseñó a los Estados Unidos y nuestros amigos en todo el mundo que todos estamos juntos en esta lucha.  Mientras  lloramos a aquellos que hemos perdido por  la violencia, y honramos a aquellos que sirven a sus países y comunidades, reconocemos que los hondureños y estadounidenses tienen una meta en común: Deseamos vivir una vida plena de oportunidades y libre de temor. Aunque hay mucho trabajo por hacer, podemos decir con orgullo que ya estamos en el camino hacia el logro de nuestro objetivo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Centroamérica frente al alza de los precios de los alimentos

Por Alan Bojanic
Oficial a Cargo de la FAO para América Latina y el Caribe


El Índice de los Precios Internacionales de los Alimentos medidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de mayo del 2011 registraba un valor 37% más alto que hace 12 meses.

Los impactos de los precios internacionales en los países no son automáticos y dependen de factores como la capacidad de los países de producir localmente alimentos para satisfacer la demanda interna y la red de protección social que pueda tener.

En general, los países de América Central se ven enfrentados a una compleja situación ya que son importadores netos de alimentos. Desde 1990, la cantidad de alimentos comprados desde el exterior y la factura de importación de los alimentos van creciendo significativamente en el istmo.

Ese aumento se traduce de manera muy sencilla: en una mayor inflación alimentaria que afecta principalmente a las familias más pobres, quienes pueden llegar a gastar hasta el 70% de sus ingresos en la compra de alimentos.

No hay una única respuesta para enfrentar esta situación, que según la FAO deberá perdurar hasta por lo menos el 2012. A nivel nacional, los países centroamericanos están buscando, considerando las restricciones presupuestarias que muchos enfrentan, implementar medidas que estimulen la producción local, generar empleo de calidad y fortalecer sus redes de protección social.

Estas medidas pueden y deben ser reforzadas con un esfuerzo articulado a nivel centroamericano. La misma integración de políticas que los Gobiernos están  esforzándose para crear en sus países es útil para el istmo. Y por el tamaño y características de los mercados nacionales, dicha articulación puede resultar en importantes beneficios para todos los involucrados.

Para citar un ejemplo, existe una clara complementariedad en lo que dice respecto al abastecimiento intrarregional de alimentos: Nicaragua exporta por sobre del 75% de la carne de vacuno y quesos consumidos en Centroamérica, Costa Rica casi el 70% de los leches y derivados (excepto quesos), y Guatemala casi el 60% de las hortalizas y verduras consumidas por los países del istmo.

Dicho de otra manera, lo que hace o deja de hacer un país centroamericano tiene un potencial impacto en los demás. Por esta razón, el istmo se beneficiaría de medidas regionales de políticas articuladas para complementar las acciones que ya implementan dentro de sus territorios.

Intercambiar experiencias e identificar espacios de colaboración a nivel centroamericano son los objetivos de un diálogo intersectorial que la CEPAL, FAO , IICA y RUTA promueven hoy y mañana en San Salvador con la participación del vicepresidente de Guatemala, seis ministros, seis viceministros y parlamentares de El Salvador y los demás países centroamericanos.

De este diálogo, se espera que los países puedan identificar maneras concretas de enfrentar junto el desafío impuesto por el alza y la volatilidad de los precios de los alimentos.