Amy Goodman y Denis Moynihan
“Jamás se ha logrado la paz mediante el uso de la violencia. La
guerra engendra guerra, la violencia engendra más violencia”, esas
fueron las palabras del Papa Francisco al dirigirse a la multitud de
fieles el domingo pasado en la Plaza San Pedro en el Vaticano. Se
refería a la crisis en Siria, justo en un momento en que el Presidente
Barack Obama está intensificando su plan de realizar un ataque militar
en ese país. El Papa continuó: “Exhorto a la comunidad internacional a
que se esfuerce por promover propuestas claras de paz en ese país de
inmediato. Una paz que se base en el diálogo y la negociación, por el
bien de todo el pueblo sirio”.
La distancia entre la Plaza San Pedro y San Petersburgo, en Rusia, es
similar al abismo que existe entre las esperanzas del Papa y los planes
del Presidente Obama. Durante su visita a San Petersburgo para asistir a
la cumbre del G20, Obama se dedicó a hacer lobby con los principales
líderes mundiales para que apoyen el ataque militar contra Siria, y
evitar así que Estados Unidos actúe solo. Fue una oportunidad
desperdiciada de intentar una solución diplomática durante la cumbre
realizada justamente en Rusia, el principal patrocinador del régimen
sirio.

