jueves, 22 de diciembre de 2011

Reminiscencias navideñas

Por Víctor Hugo Álvarez
Es necesario hacer un alto, inhalar un respiro profundo buscando oxigenarnos, porque estamos hartos y perplejos de tanta deshumanización, de la hemorragia que  a raudales recorre nuestras calles, nuestros caminos y veredas. Apabullados por una matanza que no cesa y por la inutilidad de quienes están llamados a esclarecer tanta muerte y taimadamente ignoran lo que pasa a su alrededor, calculando, siempre calculando, en una eterna operación de hilandería política.
El viento sopla y trae rachas de reminiscencias de un pasado cercano donde la gente no daba gritos de dolor  ni se enjugaban lágrimas de consternación. Son recuerdos de una época de sonrisas, de anhelos infantiles cobijados en el calor del hogar, cerca del fogón de la abuela donde  la familia se refugiaba del intenso frío que agobiaba la ciudad y se tejían las conversaciones en torno a las festividades navideñas.
En la víspera de las festividades de  las ahumadas chimeneas, que sobresalían en los tejados, surgía un aroma a nacatamales, a sabrosas torrejas o a los platillos de la temporada. Eran tiempos de cohetillos, de rascaniguas. Los morteros y las varas eran exclusividad de los mayores,  como casi exclusivo era de los infantes el uso de las llamadas luces de bengala, que las quemaban acompañados de sus padres, un tío o un mayor. Hoy escuchamos el tableteo de las ametralladoras o de las AK-47 u otras armas, no para celebrar sino para segar vidas.
En las plazas públicas se acomodaban los “vende árboles”. La oferta eran preciosas y frescas ramas de pino cortadas  en el raleo de los bosques cercanos  la ciudad o los “chiriviscos” o ramas secas que luego se pintaban de dorado o plateado para adornar las rusticas salas de las viviendas. Ahora las plazas públicas son centros de inseguridad, de asalto o extorción.
Las muchachas antes de pensar en el baile de la Noche Buena que se realizaba en una de las casas del vecindario, se ponían a tejer las cadenas de papel crepé verde y rojo con que se adornaría el árbol, que era colocado por los muchachos, mientras los pequeños limpiaban las figuritas de barro con las cuales se adornarían los nacimientos cuyo punto central eran las imágenes de María y José, la mula y el buey y, por supuesto,  el Niño Jesús.
Aún me emociono con el canto del Gloria durante la “Misa del Gallo”, el sonar de las campanas, las voces del pueblo entonando el milenario mensaje de “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, mientras el humo de los cohetes satura el ambiente del templo y la gente se abraza precisamente deseándose paz.  ¿Cómo íbamos a saber los niños de entonces que pasado el tiempo  esa paz sería destruida por la violencia, por la falta de oportunidades, por la marginalidad y la desesperanza en que hoy esta sumida la población?
Luego la cena navideña con un calor familiar indescriptible, que trasciende el tiempo. Donde se solidificaban los valores de una sociedad que muchos pueden denominar costumbrista o tradicional, pero forjadora  de valores sólidos, donde el respeto a los mayores, a la autoridad, a la vida eran sagrados. Porque la autoridad respetaba, era ejemplo de honradez y manejo limpio de la cosa pública. Hoy eso es nada más un agradable recuerdo.
Matar era signo de escándalo, de repudio público, de indignación colectiva. Todo lo contrario a ahora, que cuando el viento sopla trae aires de muerte, de inseguridad, de cinismo y complicidad por acción u omisión.
En Navidad renacían las esperanzas, se hacían viables los proyectos pero sobre todo se saboreaba la fiesta y se disfrutaba la tranquilidad. Se recordaba al Niño que hecho hombre fustigó la injusticia, predicó la fraternidad, anunció un Reino de Paz.
Que al inhalar los aires de las reminiscencias, seamos capaces de reflexionar y tomar decisiones para evitar más baños de sangre en Honduras y que en vez de las velas que circundan un ataúd o expanden las sombras donde una madre, una esposa, un hermano o un amigo llora en silencio a un ser querido cuya vida se la arrebataron quienes han hecho de la cultura de la muerte su bandera, esa luces agiganten nuestros sentimientos y valores por una Honduras diferente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Purulencia

Por Víctor Hugo Álvarez
Hay una afluencia inusitada en los titulares de la prensa nacional sobre el problema que la ciudanía desea mantener vigente, mientras unos pocos desean palidecer con grandes campañas  que magnifican  la leve disminución de la violencia en el país y levanta aplausos mediáticos a favor de las operaciones conjuntas que realizan el ejército y la policía a las cuales les ponen nombres  rimbombantes que en vez de aplacar como que avivan la tormenta.
Día a día salen a luz informaciones sobre cambios en la policía, tanto de oficiales como de agentes, que han sido detenidos, destituidos, rotados, puestos a las órdenes de la Fiscalía o los cuerpos de investigación o simplemente que curiosamente se han “fugado” a plena luz del día, pero el auténtico problema no se aborda.
La policía hondureña, con más de cien años de existencia, desde mediados del siglo pasado ha sido más un instrumento político que de garantía a la seguridad ciudadana, a sus bienes, al patrimonio nacional. Pese a la profesionalización de sus mandos, quienes han estado al frente de esa institución  la han sesgado a hacia la defensa de interés, propiedades y bienes individuales o la han utilizado como escalera para satisfacer sus ambiciones de riqueza o de poder.
El lenguaje común de oficiales y agentes de línea han sido epítetos repetidos cuando se les interroga sobre una detención arbitraria o  la muerte de ciudadanos: “Es un ajuste de cuentas”, “son luchas internas del crimen organizado”, “peleaban posicionamiento de territorios”, “son sediciosos” y lo peor; “son  o eran conspiradores y guerrilleros”. Presunciones, contaminación de la escena del crimen y un largo etcétera
En esta etapa de crisis de la institución llamada a salvaguardar vidas y bienes de la población, muchos criterios han aflorado sobre la politización de la policía y su ineficacia en brindar a la ciudadanía la seguridad que se merece. Un ejemplo claro de ellos, son las recientes declaraciones del Comisionado Héctor Suazo a un semanario capitalino cuando afirmó: “muchos políticos han levantado perfil a costas de la policía y uno de los peores  errores que pueda cometer un presidente de la República es nombrar como Ministro de Seguridad a un ciudadano que tiene aspiraciones políticas”.
Más claro no canta un gallo, ni puede haber mayor transparencia en las causas que provocaron la caída del flamante ex ministro de Seguridad, Oscar Álvarez, quien muchas veces escondió el problema de la institución y se dedicó al arte escénico con actuaciones dignas de las peores producciones fílmicas de Hollywood.
Nadie desconoce ya la corrupción, la criminalidad y la impunidad que se esconden en la institución policial, es por ello que la ciudadanía indefensa ha perdido el temor y ahora denuncia hechos cuyos autores materiales son agentes u oficiales. La valiente actitud que  asume la Rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Julieta Castellanos, tras el asesinato de su hijo y un compañero del joven, se convierten en el referente que disipa los temores y permite destapar las arbitrariedades, a sus autores intelectuales y materiales.
Claro esta que la purulencia que emana del problema al interior de la policía no es el cáncer en sí, sino la consecuencia de problema del Estado mismo y de la corrupción que campea a muchos niveles. Todas las instituciones encargadas de velar por la aplicación de la justicia y garantizar el bienestar de la ciudadanía están salpicadas de corrupción, componendas políticas o indiferencia calculada.
 El tema de la seguridad esta politizado y más de algún aspirante político busca sacar provecho de la crisis asumiendo funciones que no le pertenecen ni tampoco son las que se necesitan, pues además de cosméticas rayan en lo circense.
Por ahora el problema de la inseguridad es el que se torna más sensible entre la población, pero si hay que aplicar el bisturí y comenzar el saneamiento, debe hacerse desde la raíz del mal que nos aqueja  y dirigir la mirada hacia todas las instituciones estatales. Por lo pronto, lo urgente es intervenir,   despolitizar y sanear la policía y que sean los mejores ciudadanos sobre los cuales recaiga esa responsabilidad.  

lunes, 24 de octubre de 2011

Una región anestesiada

Por Víctor Hugo Álvarez
La naturaleza nuevamente cumplió su ciclo anual, torrenciales lluvias se precipitaron desde principios de octubre sobre la Zona Sur del país y si no se hubiera producido la inmisericorde deforestación de esa región ni tampoco se hubiera permitido el crecimiento desordenado de sus poblaciones, ni el adormecimiento de su población, no estuviéramos lamentando tanta desgracia.
El desbordamiento del Río Choluteca y sus afluentes sobre las bajas tierras de Valle y Choluteca y las consecuentes inundaciones que se derivan al salir los ríos y quebradas de sus cauces, son hechos  recurrentes. Año tras año la misma situación, la misma emergencia, el mismo huir de la población en busca de lugares seguros y, lo que es peor,  la misma desidia de los gobierno locales y el  gobierno central. Más parece esto una crónica de una inundación anunciada.
Desde principios del decenio de los años setentas del siglo pasado, los sureños acarician un sueño que  en pleno Siglo XXI aún no tiene asomos de convertirse en realidad. Ese `pueblo anhela la construcción de una represa de usos múltiples que se erigiría pocos kilómetros aguas abajo del paso del Río Choluteca por el Municipio de Morolica.
Este anhelo fue tema de la campaña de los candidatos a diputados por Valle y Choluteca en las pasadas elecciones, pero igual que en legislaturas anteriores el proyecto duerme el sueño de los justos. Sólo se despereza en septiembre y octubre cuando la población esta con el agua al cuello.
Esa ineptitud y desidia parecen calculadas, porque cada vez que se presenta la emergencia  los políticos locales y los precandidatos a puestos de elección popular lustran su sonrisa, almidonan su ceño para ver que se vean más profundos los surcos naturales de sus frentes y mustios y contritos acuden en caravanas a brindar “ayuda” a los damnificados. Por supuesto llevan un séquito de “hacedores de imagen”, cámaras por doquier y una nube de micrófonos esta presente para tomar sus declaraciones de solidaridad con los afectados.
Nada más falso y repugnante que esa actitud. Es como vivir de la desgracia de los pueblos del Sur y, al mismo tiempo por omisión, pensamiento o cálculo, olvidarse de las verdaderas causas de la tragedia anual. Las riadas destruyen la infraestructura, los puentes cuyas aproximaciones parecen pegadas con saliva como el de La Costa de los Amates que se derrumbó al menor amago de una crecida. Se lleva consigo los cultivos que alimentan la agroindustria, los de granos básicos, hatos ganaderos y  lo más lamentable preciosas vidas humanas.
Si hubiera una atentica disposición de resolver el problema, debería, en primer lugar, de aprobarse la construcción de la anhela represa. Se diseñarían y ejecutarían planes de educación ambiental y participación ciudadana y se pensaría en grande cómo activar el potencial económico de una región por ahora postrada, deprimida y postergada.
No es con sonrisas fingidas para llevar agua a sus molinos como se solucionarán los problemas de la Zona Sur. Es encarándolos y eso lo ha demostrado la Iglesia Católica al trabajar y educar a las comunidades no sólo en proyectos de desarrollo local, sino en la solidaridad auténtica. Muestra de ello es la rápida respuesta que ha tenido Cáritas de Choluteca ante la emergencia.
Pero el problema es de tal magnitud que no debemos hacer caer la responsabilidad de solventar sobre una institución. Es tarea de todos, incluso del mismo pueblo de esa región que parece haberse amoldado a la cíclica tragedia y se echa a esperar la solidaridad en vez de organizarse y reclamar sus derechos. Las décadas de tradionalismo y caudillismo en Valle y Choluteca han actuado  como perfectos somníferos  en la población. Es hora de despertarse y actuar.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Chantaje Comicial

Por: Víctor Hugo Álvarez
Tegucigalpa  celebra sus 433 años de existencia sumida en  el abandono crónico por la indiferencia de las autoridades edilicias que la gobiernan y acosada por múltiples problemas que no parecen tener solución.
Desde el decenio de los sesenta, esta metrópoli ha soportado una migración descontrolada del campo a la ciudad, pues muchos hondureños desde entonces y aún ahora, buscan en ella oportunidades que no encuentran en sus lugares de origen. Oportunidades que les niega el latifundio, la carencia de asistencia sanitaria y, sobre todo, de educación.
En cuatro décadas Tegucigalpa ha multiplicado su población ascendiendo ahora a más de un millón de habitantes y quienes migran se encuentran que sus ideales se estrellan contra la falta de panificación urbana, un sistema de acueductos y alcantarillados que colapsó y sin fuentes de empleo que garanticen al menos el sustento básico, peor aún sin agua, elemento vital.
Los migrantes han invadido las laderas que circundan la ciudad, otrora serranías pobladas de pinos y robles y otro tipo de especies latiofoliadas que hoy sólo se aprecian en fotografías antiguas. La deforestación ha sido salvaje con el consecuente efecto en las cuencas hidrográficas de donde se podría surtir de agua potable a la ciudad.
La polución es como el emblema de Tegucigalpa, el desorden marca el ritmo del quehacer de sus habitantes y ante esa cima de problemas las autoridades citadinas demuestran incapacidad de encontrar soluciones y han visto la Alcaldía como un trampolín desde donde se lanzan para saciar sus ambiciones presidenciales o de enriquecimiento en la tenebrosa alberca de la política vernácula.
Este cóctel de problemas cerca a Tegucigalpa como tenazas afiladas y asfixian a los habitantes con el agravante del incremento de la violencia, la pobreza, la mendicidad y la demencia. Hoy por hoy,  Tegucigalpa es el fiel reflejo de un país sin perspectivas, pese a los anhelos progresistas de sus habitantes.
Ejemplo claro de esa actitud son los mercados y el tráfico citadino. Al carecer de fuentes de empleo se empodera de los capitalinos la economía informal.  Es una buena muestra de laboriosidad,  pero ese propósito se ha tergiversado en los últimos años y entre los mercaderes ha nacido una “argolla”, una especie de Corte de los Milagros como la describe el escritor francés Víctor Hugo en su novela La Catedral de Notre Dame
No pueden negar los ediles que negocian con los líderes de esa “mafia” y se ajustan a sus caprichos a cambio de una promesa: que los apoyen en sus aspiraciones políticas en cada contienda electoral.
Tampoco pueden palidecer el hecho que  un grupito de mercaderes se han erigido  como dueños de los mercados. Ellos acaparan y manipulan  la entrega de los puestos de ventas y por los que poseen pagan una pírrica suma en impuestos. No todos los mercaderes  están involucrados en este “juego sucio”; pero los alcaldes saben que el juego del chantaje comicial les ha dado excelentes resultados.
La ciudad es manejada además por otros grupos como los dueños del transporte urbano, causantes del caos vehicular y, mucho más allá, por inescrupulosos líderes comunales que a diestra y siniestra manipulan la venta de lotes para la construcción de viviendas. La Ley de Ordenamiento Territorial es papel mojado para ellos, todo esto sucede por la abulia de las autoridades citadinas.
Tegucigalpa y Comayagüela, que juntas forman la capital de Honduras, necesitan autoridades más definidas, más entregadas, más dispuestas a trabajar por la ciudad y no para servirse de ella y saciar sus pinches aspiraciones.
 Seguir tapando baches y poniendo techos no es la solución. Es necesario elaborar un plan de desarrollo integral de la ciudad en cuya confección participen todos los sectores que integran la comunidad  capitalina, pero algo debe quedar sumamente claro;  que nunca más el chantaje comicial que ejercen vendedores, transportistas, constructores y líderes de patronatos no sea la norma que guíe a los ejecutores de ese anhelo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El DURADERO IMPACTO DE LOS ATAQUES DEL 9/11

Lisa Kubiske
Embajadora de los Estados Unidos de América
 
Hace diez años, el 11 de septiembre de 2001, extremistas violentos mataron a casi  3,000 personas inocentes en una serie de ataques brutales en los Estados Unidos, incluyendo cuatro hondureños. Las vidas de familiares y amigos fueron alteradas irremediablemente ese día, y siguen luchando con el impacto de su pérdida.
 
Y esto cambió el mundo. En los Estados Unidos y alrededor del mundo, estábamos decididos  a superar  la amenaza y restaurar nuestro camino hacia una vida mejor. Estábamos decididos – y resistentes. Nuestro espíritu se mantuvo. Hemos mejorado la seguridad, hemos prevenido los ataques, y llegamos a comprender mejor la necesidad de abordar las condiciones que lleven a las personas a creer que no tienen otro recurso que el extremismo. 
 
Sin duda, el mundo ha cambiado,  pero muchos de esos cambios nos han llevado hacia las soluciones para luchar contra las organizaciones extremistas de todo tipo que tratan de hacer valer el poder mediante el uso de  asesinatos en masa. Este es el caso de los aliados  históricos de los Estados Unidos – quienes han construido redes de intercambio de información más solidas para la aplicación de la ley, entre otras medidas – y de las personas en países del  mundo Árabe que están abogando por un nuevo liderazgo democrático.   
 
En los últimos diez años, aquellos que han sufrido como consecuencia de los ataques terroristas se han unido para crear políticas que promuevan la cooperación en seguridad así como la transparencia fiscal. Como resultado, la capacidad de los grupos extremistas para financiar ataques se ha disminuido. Mejorar la comunicación entre los órganos de aplicación de la ley ha llevado a la prevención de ataques múltiples y a la captura de aquellos criminales que los han planificado.  También ha contribuido al desmantelamiento sistemático de las redes de extremistas como Al Qaeda. Hemos aprendido, una y otra vez, la importancia de la prevención de la violencia, en lugar de simplemente reaccionar a esta.
 
El mismo tipo de innovación y  resistencia se puede encontrar en el pueblo hondureño, que está siendo aterrorizado por grupos de delincuentes en sus propios pueblos y ciudades.
 
Los narcotraficantes y los grupos de maras que los apoyan son apenas diferentes de los  grupos terroristas como al-Qaeda. Ellos lanzan ataques salvajes a las personas para intimidar comunidades enteras e infundir temor en la población en general. 
 
Como resultado, los hondureños se sienten menos seguros y  sufren las consecuencias económicas de la inseguridad.
 
 Pero incluso en mi corto tiempo aquí, está claro para mí que los hondureños están luchando – luchando con pasos hacia un gobierno más transparente, hacia la investigación y el procesamiento de casos penales, y hacia la creación de empleos y oportunidades para más y más hondureños. He visto que los hondureños resisten también, y claramente ven el camino a seguir.
 
El Congreso Nacional de Honduras en diciembre del año pasado tomó la importante decisión de aprobar la Ley Contra el Financiamiento del Terrorismo.
 
La nueva ley permite una mejor investigación de lavado de dinero y financiación del terrorismo, requiere la cooperación internacional en la incautación de  activos de  los grupos terroristas, obliga a la captura de cualquier persona sospechosa de financiar el terrorismo en cualquier país, y da a Honduras jurisdicción sobre los delitos de financiación del terrorismo, incluso si los actos de terrorismo no fueron planificados  para el territorio hondureño.
 
Esta legislación no sólo ayuda a la comunidad internacional en la prevención de actos violentos en el extranjero, ésta dañará los grupos del narcotráfico que se basan en delitos como el lavado de dinero para apoyar sus actividades mortales.
 
Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 enseñó a los Estados Unidos y nuestros amigos en todo el mundo que todos estamos juntos en esta lucha.  Mientras  lloramos a aquellos que hemos perdido por  la violencia, y honramos a aquellos que sirven a sus países y comunidades, reconocemos que los hondureños y estadounidenses tienen una meta en común: Deseamos vivir una vida plena de oportunidades y libre de temor. Aunque hay mucho trabajo por hacer, podemos decir con orgullo que ya estamos en el camino hacia el logro de nuestro objetivo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Centroamérica frente al alza de los precios de los alimentos

Por Alan Bojanic
Oficial a Cargo de la FAO para América Latina y el Caribe


El Índice de los Precios Internacionales de los Alimentos medidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de mayo del 2011 registraba un valor 37% más alto que hace 12 meses.

Los impactos de los precios internacionales en los países no son automáticos y dependen de factores como la capacidad de los países de producir localmente alimentos para satisfacer la demanda interna y la red de protección social que pueda tener.

En general, los países de América Central se ven enfrentados a una compleja situación ya que son importadores netos de alimentos. Desde 1990, la cantidad de alimentos comprados desde el exterior y la factura de importación de los alimentos van creciendo significativamente en el istmo.

Ese aumento se traduce de manera muy sencilla: en una mayor inflación alimentaria que afecta principalmente a las familias más pobres, quienes pueden llegar a gastar hasta el 70% de sus ingresos en la compra de alimentos.

No hay una única respuesta para enfrentar esta situación, que según la FAO deberá perdurar hasta por lo menos el 2012. A nivel nacional, los países centroamericanos están buscando, considerando las restricciones presupuestarias que muchos enfrentan, implementar medidas que estimulen la producción local, generar empleo de calidad y fortalecer sus redes de protección social.

Estas medidas pueden y deben ser reforzadas con un esfuerzo articulado a nivel centroamericano. La misma integración de políticas que los Gobiernos están  esforzándose para crear en sus países es útil para el istmo. Y por el tamaño y características de los mercados nacionales, dicha articulación puede resultar en importantes beneficios para todos los involucrados.

Para citar un ejemplo, existe una clara complementariedad en lo que dice respecto al abastecimiento intrarregional de alimentos: Nicaragua exporta por sobre del 75% de la carne de vacuno y quesos consumidos en Centroamérica, Costa Rica casi el 70% de los leches y derivados (excepto quesos), y Guatemala casi el 60% de las hortalizas y verduras consumidas por los países del istmo.

Dicho de otra manera, lo que hace o deja de hacer un país centroamericano tiene un potencial impacto en los demás. Por esta razón, el istmo se beneficiaría de medidas regionales de políticas articuladas para complementar las acciones que ya implementan dentro de sus territorios.

Intercambiar experiencias e identificar espacios de colaboración a nivel centroamericano son los objetivos de un diálogo intersectorial que la CEPAL, FAO , IICA y RUTA promueven hoy y mañana en San Salvador con la participación del vicepresidente de Guatemala, seis ministros, seis viceministros y parlamentares de El Salvador y los demás países centroamericanos.

De este diálogo, se espera que los países puedan identificar maneras concretas de enfrentar junto el desafío impuesto por el alza y la volatilidad de los precios de los alimentos.

martes, 10 de mayo de 2011

REPASANDO NUESTROS PASOS

El Museo para la Identidad Nacional y la Embajada de la República de China  (Taiwán) aperturan la exposición fotográfica "REPASANDO NUESTROS PASOS", que explora el desarrollo de la República de China (Taiwán) durante el último siglo, incita visitantes a recordar el pasado, para acariciar el presente y
mirar hacia al futuro. Todos los aspectos de la vida están en la exhibición: política, la economía, educación y cultura, agricultura, tecnología y el ambiente, así como asistencia social.

La exposición se estará presentando en las salas de Exhibiciones Temporales del MIN del 13 de mayo al 12 de junio de 2011. El jueves 12 de mayo se llevará a cabo la inauguración en las instalaciones del MIN, Hora: 7:00pm.


FOTOGRAFÍAS QUE ILUSTRAN EL FLORECER DE LA NACIÓN, LA TRANSFORMACIÓN, SU DIVERSIDAD CREATIVA Y LA TOLERANCIA DURANTE 100 AÑOS DESDE LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA DE CHINA (TAIWÁN)


¡El centenario de la República de China (ROC) se avecina! Las décadas de esfuerzo de la gente y del gobierno han transformado la nación de un económico remanso-con renta per cápita apenas de US$130 en los años que seguían la guerra mundial en un modelo de democracia moderna, de mercado. Hoy, las realizaciones orgullosas de la nación en políticas, el Estado de Derecho, el desarrollo económico, la tecnología, la literatura, el arte y la sociedad son innumerables.


Esta exposición fotográfica explora el desarrollo de la República de China durante el último siglo, incita visitantes a recordar el pasado, para acariciar el presente y mirar hacia al futuro. Todos los aspectos de la vida están en la exhibición: política, la economía, educación y cultura, agricultura, tecnología y el ambiente, así como asistencia social.

Estos cuadros ilustran el florecer de la nación la transformación y la diversidad, de la creatividad y de la tolerancia en los cien años desde la fundación de la República de China.


 Los visitantes a la muestra serán expuestos y obtendrán una mayor comprensión de qué entró la fabricación de la República de China cuál es hoy, y porqué el centenario de la nación es una ocasión tan feliz.

miércoles, 6 de abril de 2011

Centroamérica: Un enfoque de cooperación y prevención contra la violencia

Por Felipe Jaramillo
Director del Banco Mundial para Centroamérica

La batalla contra la criminalidad y la violencia en Centroamérica esta al centro del debate regional. En algunos casos, como en Honduras, El Salvador y Guatemala esto es debido a tasas de crimen que están entre las más altas de la región Latinoamericana. En otros casos, Nicaragua, Costa Rica, o Panamá, donde las tasas de crimen son afortunadamente más bajas, el motivo es el aumento marcado del crimen en los últimos años. Esta batalla que no es tarea fácil o de corto plazo, aparece como el principal obstáculo al desarrollo económico y además se convierte en un factor de disolución del entramado social, golpeando a comunidades enteras y sus familias.

Según un reciente estudio del Banco Mundial los tres grandes factores que generan el nivel generalizado de violencia son: el tráfico de drogas (la violencia aumenta en 100 por ciento en las zonas neurálgicas), la violencia juvenil asociada a las 900 maras que operan en la región, y la disponibilidad de armas de fuego (4,5 millones de armas pequeñas).

Aun así, parece ser el narcotráfico el principal elemento detrás de los altos niveles de inseguridad, y en este sentido, los gobiernos se enfrentan a una batalla frente a la que no pueden actuar solos. Es imprescindible la cooperación no solo entre los países centroamericanos pero fundamentalmente con Estados Unidos, como recientemente lo reconoció el propio Presidente Barack Obama en su visita oficial a El Salvador.

Parafraseando al Presidente salvadoreño, Mauricio Funes, no basta fortalecer las policías, construir más cárceles, aprobar leyes más drásticas o poner al ejército a realizar tareas de seguridad pública, si no se asegura un ingreso mínimo a los ciudadanos y el acceso a bienes públicos, como salud y educación. 

Brindar opciones de educación y trabajo a una juventud bombardeada culturalmente por el culto a la violencia es el mejor antídoto ante la criminalidad. 

Es que con tasas de homicidios del 1 por mil en aéreas de la región, el nivel de violencia ya se asemeja al periodo de los ochenta cuando la región atravesaba el momento más álgido de varias guerras civiles y supera los índices de violencia de todo el resto de los países de América Latina y el Caribe. 

Si bien la población de Centroamérica se equipara a la de España, mientras el país europeo registró a mediados de la década menos de una muerte por homicidio por día, la cifra en Centroamérica se multiplica por 40. 

Todas las encuestas de opinión coinciden en que más del 70 por ciento de la población centroamericana percibe la criminalidad como el problema principal que frena el progreso de sus sociedades. Esto es más importante aun en tiempos donde la crisis económica internacional ha golpeado fuertemente a la región que depende comercialmente de sus lazos con Estados Unidos. Según el informe, un 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) regional se pierde en función de los costos ocasionados por el crimen y la violencia. 

La ola de criminalidad debilita las perspectivas de progreso económico, no solamente por los salarios perdidos, sino porque contamina el clima de las inversiones y desvía los escasos recursos gubernamentales para fortalecer la aplicación de justicia en lugar de concentrar todos los esfuerzos en promover la actividad económica y la equidad social. 

Sería entonces más rentable, utilizar los escasos fondos disponibles para la reducción de la violencia, si se los destina a esfuerzos de prevención de la misma, a mitigar el daño generado por las drogas, al fortalecimiento de los sistemas judiciales, a limitar la disponibilidad de armas de fuego y proporcionar alternativas significativas de educación y trabajo para la juventud en riesgo.

martes, 22 de febrero de 2011

El largo camino hacia la participación estudiantil en la nueva etapa de vida institucional

Andrés Pérez Munguía
Comisionado Universitario
2006-2011
 
Con la emisión de la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), aprobada por el Congreso Nacional el 17 de diciembre de 2004 mediante Decreto 209-2004, se inaugura una nueva etapa en la vida de nuestra institución educativa, que por cierto es la más antigua del nivel superior, la que cuenta con la mayor comunidad académica de estudiantes y docentes, y la que tiene más larga proyección hacia la sociedad hondureña.  
 
Si bien hay opiniones diversas dentro y fuera de la UNAH con respecto a la orientación y la velocidad de los cambios, tanto los participantes como los observadores reconocen que a partir de aquella fecha se han producido mejoras en los campos académico, administrativo y de servicios. Sin embargo, el actual proceso de reformas en la Universidad no podrá consolidarse si sus valores no son conocidos y, sobre todo, practicados por su sector más numeroso e importante.
La UNAH, muy especialmente a partir de la adquisición de su autonomía, es la única institución del nivel superior que, si bien con altos y bajos, ha venido ofreciendo a su estudiantado una auténtica experiencia universitaria, quizá solo acompañada en este aspecto de la otra gran universidad pública del país, el alma máter del magisterio nacional. Por experiencia universitaria entendemos no solo la formación rigurosa en una disciplina académica, sino también el diálogo con otros estudiantes dedicados a áreas del conocimiento muy diferentes, con procedencias sociales y geográficas muy diversas, el intercambio con profesores nacionales educados en el extranjero o con amplia experiencia en el sector público o privado, la posibilidad de presenciar manifestaciones artísticas y culturales tanto tradicionales como de vanguardia, el acceso a una biblioteca bien dotada y la participación en el debate sobre los problemas del país desde perspectivas ideológicas y políticas heterogéneas.
No obstante este ambiente formativo amplio, más o menos propicio según los períodos rectorales, la Universidad Nacional ha permanecido retrasada en materia electoral. En el ámbito nacional se han experimentado importantes avances en este campo a partir de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente de 1980, tales como las elecciones internas y primarias, la posibilidad de presentar candidaturas independientes, la integración proporcional de corporaciones municipales, las cuotas de participación de las mujeres y el mismo hecho de realizar nueve procesos electorales de forma pacífica y con resultados confiables, aun en los últimos comicios efectuados en plena crisis constitucional y política.  Sin embargo, en nuestra Universidad, todavía hasta hace muy poco las elecciones estudiantiles han sido sinónimo de violencia, poca transparencia y legitimidad, lo que ha tenido por resultado la cada vez más escasa participación del estudiantado.
Para llegar a la aprobación del presente reglamento se ha recorrido un largo camino, marcado por progresos, pero también por conflictos y errores. Algunos sectores de la comunidad universitaria cuestionan la legitimidad del presente reglamento argumentando, primero, que la universidad no debería inmiscuirse en asuntos propios del estudiantado; y segundo, que el Consejo Universitario carecía de representación estudiantil cuando lo aprobó.  La preocupación es válida en principio. Sin embargo, es necesario aclarar ciertos aspectos de historia institucional para comprender el por qué de la decisión de nuestro máximo órgano.
Para iniciar el recuento habrá que decir que el 14 de marzo de 2006, por medio del Acuerdo CT 67-2006, la Comisión de Transición hace un llamado a los estudiantes de las diferentes carreras universitarias para que procedan desde sus asociaciones a designar representantes ante una asamblea constituyente estudiantil.  Esta convocatoria no llega a concretarse y más bien el Comité Ejecutivo saliente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) decide convocar a elecciones para ese órgano.  El 16 de junio de 2006, mediante Acuerdo CT 89-2006, la Comisión de Transición desconoce esas elecciones y al Comité Ejecutivo de la FEUH, ordenando así mismo una intervención fiscalizadora.  Posteriormente, el 23 de mayo de 2007, mediante Acuerdo CT 225-2007, la Comisión de Transición constituye el Directorio Estudiantil Provisional y las mesas de diálogo estudiantil. 
De estas actuaciones de la Comisión de Transición podrían hacerse dos lecturas, dependiendo de la perspectiva de los actores. Según uno de los puntos de vista,  la Comisión cometió no solo un error, sino también un abuso, al inmiscuirse en asuntos privativos de los estudiantes; mientras que, según otra lectura, la Comisión tenía un mandato amplio de adecuar todas las estructuras y sectores internos de la institución a los valores y normas prescritos por la nueva Ley Orgánica.  En este sentido, el artículo 44 de esta nuestra Ley establece claramente que los derechos y deberes de los estudiantes se ejercerán conforme a los fines propios de la institución.
En este ambiente, a mediados de 2007, el Comisionado Universitario es llamado para evitar un incidente de violencia entre miembros de frentes rivales que se disputaban la sede de la FEUH,  oportunidad que es aprovechada para comenzar un proceso de mediación entre las organizaciones estudiantiles, con miras a que sus dirigencias alcanzaran un acuerdo para regularizar la situación de los órganos del gobierno estudiantil (federación y asociaciones estudiantiles), así como para la elección de los representantes del estudiantado ante los órganos de gobierno de la Universidad, concretamente el Consejo Universitario, las juntas directivas de facultades y centros regionales y los comités técnicos de carrera. 
Durante el proceso de mediación, el Comisionado insistió en que, antes de elaborar un reglamento, las organizaciones estudiantiles adoptaran en consenso una serie de principios que sirvieran de norte para cualquier procedimiento o regulación posterior. 
En los meses de agosto y septiembre de 2007 se les presentó un borrador de declaración de principios para su consideración, pero los líderes de los frentes prefirieron no suscribirlo. Siendo que los dirigentes de estas organizaciones no lograban ponerse de acuerdo, el Comisionado Universitario comienza la redacción de un anteproyecto de reglamento de elecciones estudiantiles inspirado en los principios propuestos a la dirigencia de los frentes.
Durante marzo, abril y mayo de 2008 el proceso de mediación con los frentes recibe un nuevo impulso con la incorporación y liderazgo de la Vicerrectoría de Orientación y Asuntos Estudiantiles (VOAE), ante la urgencia por dejar integrado el Consejo Uni­versitario antes de la salida de la Comisión de Transición.  Así, el 28 de abril de ese año dirigentes de los cuatro frentes reconocidos firman un acuerdo en el que solicitan dejar en suspenso la presentación ante la Comisión de Transición del Reglamento Electoral propuesto por el Comisionado Universitario y la VOAE, pues ellos se ofrecían a elaborar uno propio, teniendo como referencia ese anteproyecto. 
Como este compromiso no se cumplió, la VOAE, te­niendo a la vista el listado de estudiantes elegibles y luego de negociaciones con los frentes, eleva a la Comisión de Transición una propuesta de selección temporal de representantes estudiantiles ante el Consejo Universitario, la cual es aprobada en Acta 179-2008, donde se da por integrado el máximo órgano de la institución. Ya en las postrimerías de su mandato, la Comisión prefiere no emitir un reglamento electoral estudiantil para dar un mayor espacio de tiempo al tan anhelado acuerdo de los frentes estudiantiles, aunque existía el fundamento normativo en el artículo 15 del Reglamento del Consejo Universitario, el cual establece que los representantes es­­tu­diantiles ante el Consejo “serán seleccionados de conformidad al reglamento respectivo” y obraba en su poder un proyecto completo.
Transcurridos cinco meses desde la conclusión de las labores de la Comisión de Transición, y considerando injusto que setenta mil estudiantes carecieran de representación por la falta de acuerdo de una veintena de dirigentes, el Comisionado Universitario presenta al Consejo el primer proyecto de Reglamento General de Elecciones Estudiantiles, en la sesión del 30 de octubre de 2008.  La Comisión de Dictamen nombrada para analizar el proyecto da a los frentes estudiantiles otros seis meses adicionales para que lleguen a un acuerdo, hasta que finalmente se aprueba el reglamento por el pleno el 15 de mayo de 2009. 
Desafortunadamente, este primer reglamento se publi­ca tardíamente el 18 de diciembre de ese año, debido a la crisis política imperante en el país.  El retraso en la promulgación tuvo como resultado el desfase en las fechas de ejecución del proceso electoral, las cuales se habían estructurado a partir de su aprobación y publicación. Siempre por iniciativa del Comisionado Universitario y la VOAE, en febrero de 2010 se intenta resolver el problema de los plazos a través de un proyecto de reforma. Lamentablemente, cuando el proyecto llega a discusión del pleno ya no se podían tomar decisiones por mayoría calificada –la reforma de los reglamentos es uno de los casos–por haber vencido el período de los representantes estudiantiles.
Es así que nuevamente el Comisionado Universitario prepara otro anteproyecto el cual es patrocinado desinteresadamente –y esto aplica tanto para ellos, como para nosotros– por los consejeros Yeni Carolina Canales, representante suplente por el Foro Nacional de Convergencia (FONAC), y Saúl Jiménez, representante docente de la Fa­cultad de Ingeniería.  El texto es discutido por el pleno y se le introducen algunas enmiendas, no todas necesariamente compartidas por el Comisionado. Finalmente, es aprobado en sesiones ordinarias de 30 de julio y 24 de septiembre de 2010. 
Si bien el Reglamento Electoral Estudiantil refleja la voluntad y el compromiso del Consejo Universitario con la participación del estudiantado en las instancias de decisión institucionales, y significa por tanto un paso importantísimo hacia la profundización de la reforma, preo­cupa al Comisionado el cambio introducido al momento de la ratificación del acta, por el cual se elimina la elección de asociaciones de estudiantes de carreras. El contacto diario y directo con los estudiantes nos indica que el nivel más próximo y local de decisión –donde se discute sobre planes de estudio, programación de asignaturas y similares– es tal vez el que más interesa al estudiante.
El Reglamento entonces, no es un instrumento perfecto; sin embargo, es un muy buen marco normativo para llevar a cabo el proceso electoral, además que fue emitido por el órgano colegiado de mayor jerarquía de la UNAH y sienta por tanto la política institucional en la materia.
Entre los principales nuevos principios y reglas que introduce el Reglamento que se aprobó se encuentran:
Independencia del movimiento estudiantil universitario con relación a las autoridades de la UNAH, pero también con relación al sector docente interno y los sectores políticos externos.
Integración proporcional de los órganos colegiados, conforme a los resultados electorales.
Posibilidad de cruzar el voto en los diferentes niveles electivos, pudiendo por ejemplo, votar por un frente o candidatura para la FEUH, por otro para la asociación de su facultad e incluso por un tercero distinto para su representante ante el Consejo Universitario, si así lo desea el o la estudiante.
Participación amplia de todos los sectores estu­dian­tiles, incluso los que han decidido agruparse en forma independiente, al margen de los frentes estudiantiles, en derredor de agendas locales y académicas de sus respectivas facultades y centros.
Equilibrio y transparencia en el financiamiento de las campañas electorales, a través del otorgamiento equitativo por parte de la institución de fondos especiales de apoyo para la promoción de frentes y candidaturas; así como la presentación de informes contables formales de todas las aportaciones recibidas y los gastos incurridos.
Presencia de observadores externos durante todas las etapas del proceso electoral, con funciones de auditoría social.
Equidad de género, mediante el establecimiento de una cuota de 50% de candidatas mujeres a todos los cargos de elección.
Promoción del surgimiento de un liderazgo estudiantil conformado por estudiantes regulares, que tengan un rendimiento académico mínimo de 60% si postulan a juntas directivas de asociaciones y 80% si se presentan a órganos de gobierno universitario, de conformidad a la Ley Orgánica.
El Comisionado Universitario, en cumplimiento de su mandato, busca contribuir a la construcción de ciudadanía a lo interno y a la formación de una generación de estudiantes que, desde la preparación profesional específica y la cultura general que les brinda nuestra institución, sea más consciente de sus deberes y derechos en la sociedad hondureña.   El Reglamento Electoral Estudiantil es un pilar esencial en este esfuerzo, puesto que, en fin de cuentas, no se trata de simples procedimientos para cubrir apresuradamente vacantes en los órganos de gobierno, sino de aprovechar la oportunidad para incorporar finalmente al estudiantado al proceso de cambios institucionales y, con ello, profundizar y consolidar la reforma universitaria.
Este año en que habrá elecciones estudiantiles en la UNAH, quisiéramos que la opinión de los estudiantes realmente contara; para ello, es necesario que previamente se informen a fin de que puedan ejercer su derecho a participar y a decidir. Este, ciertamente, es un proceso que toma tiempo.
 Ciudad Universitaria “José Trinidad Reyes”,  febrero de 2011.

lunes, 21 de febrero de 2011

La historia se pone a galopar en el mundo árabe

Por Javier Valenzuela

En su discurso televisado de la noche del 1 de febrero de 2011, Barack Obama demostró haber comprendido perfectamente que la historia, si la entendemos como el progreso de la humanidad hacia mayores cotas de libertad y justicia, se ha puesto súbitamente a galopar en el mundo árabe. Dijo Obama: “En los últimos días, la pasión y la dignidad que han demostrado los ciudadanos de Egipto han sido una inspiración para todos los pueblos del mundo, incluido el de Estados Unidos, y para todos los que creen en que la libertad humana es inevitable”. Aludía a las repetidas concentraciones de cientos de miles de egipcios en la céntrica plaza cairota de Tahrir para reclamar la salida del dictador Mubarak y la llegada de la democracia al valle del Nilo.

El inmenso Tahrir se había convertido ese 1 de febrero en el corazón palpitante de una lucha por el pan, la libertad y la dignidad en el mundo árabe comenzada semanas atrás con la inmolación del joven tunecino Mohamed Bouazizi, al que la policía había incautado el carrito de verduras con el que se buscaba la vida. La revolución del jazmín tunecina ya había conseguido derrocar al dictador Ben Ali y abrir en ese país una transición a la democracia. Y pronto, muy pronto, el fuego encendido por Bouazizi había prendido en un norte de África reseco de despotismo, corrupción, escaso desarrollo económico y tremendas desigualdades sociales. Las llamas cercaban al egipcio Mubarak, que, para intentar apagarlas, anunciaba ese día que no volvería a presentarse a las elecciones tras más de treinta años de monopolizar el poder.

Para sorpresa de todos aquellos que apostaban por la inmovilidad fatal de la “umma” árabe, Argelia, Yemen, Jordania eran asimismo escenarios de protestas, y sus gobernantes se apresuraban, atemorizados, a cambiar gabinetes y prometer reformas.

Desde el Atlántico al Golfo Pérsico, el mundo árabe es, sin duda, muy complejo y plural. Y no obstante, como señala Eugene Rogan, ese universo sorprende por la existencia de profundos elementos de identidad común. No solo relacionados con la historia, la lengua, la cultura o la religión, sino de palpitante actualidad.

Al fracaso generalizado de sus elites políticas y económicas para incorporar sus países a la modernidad, se añade la existencia en todos ellos de poblaciones masivamente juveniles. Niños, adolescentes y chavales constituyen la mitad o hasta las dos terceras partes de sus habitantes. Ya habitan en ciudades, ya tienen algún tipo de estudios y, sobre todo, saben lo que pasa en el mundo gracias a la televisión, los teléfonos móviles e Internet. Su vitalismo, sus ganas de tener lo mínimo de lo que disponen las gentes de la ribera septentrional del Mediterráneo, contrasta explosivamente con la frustración de sus tristes existencias.

El polvorín tenía que estallar tarde o temprano. Lo está haciendo en 2011 y en un sentido más próximo a lo que ocurrió en los años ochenta en la Europa del Este que a cualquier otra cosa. Hastiadas del falso dilema entre autocracia y teocracia en el que quieren encerrarlas tantos sus gobernantes como el cinismo de la realpolitik occidental, esas juventudes quieren democracia.

Una cosa es que los intereses geopolíticos estadounidenses tal vez no le permitan a Obama apostar tan a fondo como él quisiera por esta revolución democrática árabe que se entronca en la tradición de la norteamericana y la francesa. Y otra, muy distinta, es que no sepa que estamos ante un nuevo reparto de cartas en el norte de África y Oriente Próximo. Lo dejó claro el 1 de febrero al afirmar: “Defendemos los valores universales, incluidos los derechos del pueblo egipcio a la libertad de reunión, la libertad de expresión y la libertad de acceso a la información”. Donde Obama dijo “egipcio” podía haber dicho “árabe”.